Seis factores que marcarán el ritmo de la recuperación en España

La economía española ha dejado técnicamente atrás la recesión y se ha situado en la rampa de despegue, pero como reconocen los propios miembros del Gobierno, aún queda mucho por hacer para que la mejora encuentre reflejo en la economía real y en el empleo.

España ha hecho buena parte de sus deberes. Y el resultado ha sido la salida de la fase de contracción y la mejora tanto de las expectativas a corto y medio plazo como de la percepción que los inversores y organismos internacionales tienen de la economía española.

Goldman Sachs entonó hace unos días el ‘mea culpa’ por sus predicciones negativas y erradas sobre España y el secretario general de la OCDE, Ángel Gurría, ha calificado de “impresionante” la transformación de nuestra economía, por citar sólo dos de los ejemplos más recientes.

Pero como el propio presidente Rajoy ha reconocido esta semana, “la economía no se arregla con una norma, un decreto, o un discurso. Hay que trabajar mucho”. Eso y -tal como advierten los expertos-confiar en un entorno internacional que propicie la reactivación en lugar de lastrarla. Y es que el ritmo y el vigor de la recuperación en España estará supeditado a diversos factores tanto internos como externos:

Reformas estructurales y disciplina presupuestaria. El Gobierno de Rajoy aún tiene por delante importantes reformas estructurales que culminar, como la racionalización de la Administración Pública, la aprobación de la reforma definitiva del sistema de pensiones o una reforma fiscal que dé respuestas al problema de la financiación autónomica y local y contemple las necesidades de empresas y emprendedores.

Junto a ello, el Ejecutivo no debe bajar la guardia en el cumplimiento de los objetivos de déficit público. Los mercados, pese a su aparente tranquilidad, ya han demostrado sobradamente durante la crisis que no se conforman con promesas, sino que exigen hechos. Relajarse en cualquiera de los dos ámbitos sería, según los expertos, poner en riesgo la credibilidad recuperada y un error que podría pagarse caro. De momento, Bruselas dice que España no cumplirá los objetivos para este año y el que viene sin más ajustes.

Reactivación del crédito. Acabar con la sequía de financiación bancaria es vital para afianzar e impulsar la recuperación. Los mercados de capitales se han reabierto para las grandes empresas, pero no para las pequeñas y medianas, que siguen teniendo el grifo de la financiación casi cerrado.

El ICO intenga mitigar la carencia de crédito (ha prestado unos 11.100 millones de euros hasta la fecha, más que en todo el ejercicio anterior) y algunas entidades financieras pronostican que, una vez saneado y recapitalizado el sector en España, en los próximos meses se irá reabriendo el crédito para hogares y familias.

Sin embargo, hay algunos factores que pueden condicionar ese regreso a la normalización, entre ellos las anunciadas pruebas de estrés del BCE o la próxima entrada en vigor de la normativa de Basilea III. La experiencia de los últimos años demuestra que cuando la banca concentra sus esfuerzos en cumpir las exigencias de capital y solvencia, suele ir en detrimento de la concesión de crédito.

Reactivar el flujo crediticio, la normalización del flujo crediticio para la demanda solvente sigue siendo la gran asignatura pendiente, máxime para un país como España, en el que más del 90% del tejido empresarial está compuesto por pymes, que a su vez, y aun después de los estragos de la crisis, generan más del 60% del empleo.

Más inversiones. España necesita romper el pernicioso bucle creado entre la abultada tasa de paro (la segunda más alta de la UE sólo por detrás de Grecia) y el anémico consumo interno, una espiral que ha lastrado el crecimiento hasta ahora y que sólo el auge de las exportaciones, en niveles récord, ha logrado contrarrestar.

Según los expertos, para acabar con ese círculo vicioso son necesarias inversiones que alumbren nuevos proyectos empresariales, que contribuyan a la mejora de la productividad y de la competitividad de la economía española y que generen empleo.

El fuerte crecimiento de las exportaciones puede ayudar a ello. Según Rafael Pampillón, profesor de Economía de la IE Business School, tras el incremento de las exportaciones suele venir la inversión y después de ella el empleo, por la vía de un aumento de la utilización de la capacidad productiva del país que, a su vez, trae consigo una mejora en el clima de expectativas.

Cambios en la fiscalidad. Pero, ¿sería suficiente lo anterior? El Círculo de Empresarios ha reclamado esta semana, entre otras medidas, una rebaja del Impuesto de Sociedades, en línea con lo que se está haciendo en otros países de la OCDE, como Reino Unido; un tipo de gravamen reducido para el Impuesto de Transmisiones Patrimoniales y la supresión de Patrimonio… Es decir, una reforma fiscal que ayude a consolidar el crecimiento, recuperar la confianza e impulsar el empleo.

Y es que según un informe de PwC y el Banco Mundial, las empresas españolas soportan una carga tributaria del 58,6% frente al 41% de media de la Unión Europea, lo que supone un hándicap competitivo para la economía española y una rémora tanto para atraer inversiones como para generar empleo.

El Gobierno parece ser consciente. De hecho, Rajoy anunció este jueves que la reforma fiscal que el Ejecutivo abordará el año que viene tendrá como “eje básico” ayudar a emprendedores, pymes y autónomos, al tiempo que reiteró que no habrá más subidas de IVA y que en 2015 bajará el IRPF.

Evolución de Europa. España no es una isla y su reactivación depende en gran medida de la marcha de las grandes economías de la zona euro. No en vano, más del 62% de sus exportaciones, su gran motor de impulso en la actualidad junto al turismo, se concentran en la UE y el 48,6% en los países del euro. “Si Europa se constipa y se desacelera, España se resiente”, señala Enrique Quemada, consejero delegado de One To One Corporate Finance.

En estos momentos, las dudas se concentran en Francia, cuyo PIB se contrajo un 0,1% en el tercer trimestre y que esta semana ha dado a conocer el peor dato de actividad del sector privado en cinco meses, alimentando el temor a que la segunda mayor economía del euro recaiga en recesión.

La reciente rebaja de tipos por parte del BCE, que situó el precio del dinero en el mínimo histórico del 0,25%, también refleja la preocupación por la consistencia de la recuperación en la zona euro y por el peligro de deflación. A este respecto, Quemada recuerda que “la deflación haría más oneroso el peso de la deuda, haciendo más difícil el proceso de desendeudamiento de un país”. En el caso de España, la deuda pública supera ya el 93% del PIB.

Por su parte, Pampillón señala que las empresas españolas harían bien en ahondar aún más en la diversificación de sus exportaciones a países de fuera de la UE, donde en cualquier caso están creciendo a fuerte ritmo, con tasas de doble dígito en las ventas a América Latina, Asia y África.

Una divisa estable. Un euro en niveles acotados y estable es otro requisito esencial en el camino de España hacia la recuperación. A diferencia de Alemania, que se siente cómoda con un euro fuerte gracias al alto nivel de tecnología y calidad de sus exportaciones, España compite esencialmente en precios, por lo que una escalada en la cotización de la moneda única, como la ocurrida semanas atrás, sería muy perjudicial para las cuentas de resultados de las empresas y, por tanto, para la reactivación de la economía doméstica.

Los expertos descartan que la economía española vaya a protagonizar un rally a medio plazo, pero que crezca un 0,4% en 2014, como pronostica Goldman Sachs; un 0,7%, como prevé el Gobierno, o un 0,9%, como vaticinan entidades como BBVA, dependerá de cuándo y cuánto se reactive el crédito, de que el Gobierno siga haciendo los deberes, culmine sus reformas y adopte medidas para incentivar la llegada de más inversión que genere actividad y empleo, pero también de que la maquinaria económica europea no se gripe, lo que dificultaría la incipiente recuperación española.

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